Presupuesto de página web: por qué va de 600 a 30.000 euros y cómo leer el tuyo
Un presupuesto de página web puede ir de 600 a 30.000 euros sin que ninguno mienta. Te desgloso de dónde sale el número, qué lo encarece de verdad y cómo leer el que te ha llegado.
Tabla de contenidos
Pides tres presupuestos para la misma web y te llegan tres números que no se parecen en nada: 900 €, 4.500 € y 18.000 €. La reacción normal es pensar que dos de los tres te están intentando timar. Casi nunca es así. Un presupuesto de página web varía tanto porque "página web" no describe un producto, describe una categoría entera, igual que "vehículo" abarca desde un patinete hasta un camión. El problema no es el precio: es que casi nadie te explica qué hay dentro del número para que puedas leerlo. Eso es lo que voy a hacer aquí, partida a partida, con horas y euros reales, desde el lado de quien construye la web, no de quien te la vende.
Por qué un presupuesto de página web va de 600 a 30.000 euros (y ninguno miente)
Ese rango parece un insulto a la lógica hasta que separas lo que hay debajo de cada cifra.
Los 600 € compran una plantilla ya hecha con tu logotipo encima, cuatro secciones de texto y un formulario de contacto. No hay análisis, no hay diseño propio, no hay lógica de negocio: hay configuración. Es un trabajo legítimo y para algunos negocios es exactamente lo que necesitan.
Los 30.000 € ya no compran una web, compran software: una plataforma con usuarios, roles, un panel de gestión, integración con el ERP del cliente, pasarela de pago, facturación automática y un modelo de datos pensado para durar años. Es un escalón por encima de lo que vas a ver en la tabla de más abajo, que se queda en el terreno de la web a medida. Ahí ya no maquetas: diseñas un sistema, lo pruebas y lo llevas a producción.
Entre esos dos extremos cabe todo lo demás, y el precio es casi siempre una función honesta de dos variables: cuánto trabajo hay y quién lo hace. Una plantilla configurada por alguien que cobra 15 €/h y un desarrollo a medida construido por un senior son productos distintos con nombres parecidos. El error del comprador no es pagar de más ni de menos: es comparar dos cosas que no son la misma cosa. Si quieres profundizar en esa decisión de fondo, la desarrollo aparte en web a medida o plantilla; aquí me quedo en cómo se construye el número.
Las partidas reales de un presupuesto de web
Todo presupuesto serio, tenga el tamaño que tenga, se descompone en las mismas partidas. Cambia cuánto pesa cada una, no cuáles son. Estas son:
Análisis funcional. Entender qué tiene que hacer la web y para quién. Qué páginas, qué formularios, qué pasa cuando alguien envía uno, qué se integra con qué. Es la partida que más gente se salta y la que más caro sale saltarse: un requisito mal entendido aquí se paga multiplicado más adelante.
Diseño (UX/UI). La estructura de las pantallas y su aspecto. No es "poner bonito": es decidir dónde va cada cosa para que el visitante haga lo que tiene que hacer. Puede ser cero horas (plantilla) o muchas (interfaz propia).
Maquetación (frontend). Convertir el diseño en HTML, CSS y JavaScript que funcione en móvil, tableta y escritorio, cargue rápido y sea accesible. Aquí se esconde más trabajo del que parece: el responsive de verdad y la accesibilidad no se improvisan.
Backend y base de datos. Todo lo que el visitante no ve: cómo se guardan los datos, la lógica de negocio, el panel de administración, los usuarios y permisos. Una web informativa apenas lo necesita; una aplicación es casi todo esto.
Integraciones. Conectar tu web con otros sistemas: pasarela de pago, tu CRM, tu ERP, un servicio de facturación, una API externa. Es la partida más traicionera del presupuesto, y le dedico su propia sección más abajo.
Contenidos. Textos, fotos, migración de lo que ya tienes. Alguien los tiene que escribir y montar. Si no lo pones tú, es una línea del presupuesto; si lo pones tú, es trabajo que asumes y tiempo que aportas.
Pruebas (QA). Comprobar que funciona de verdad antes de publicar: formularios, pagos, casos raros, distintos navegadores. Recortar aquí es la forma más habitual de bajar un presupuesto sin que se note, hasta que se nota en producción.
Despliegue. Poner la web en marcha en su servidor, con su dominio, su certificado, sus copias de seguridad y su rendimiento afinado. Es el paso de "funciona en mi máquina" a "funciona para tus clientes".
Un presupuesto honesto no es una cifra: es esta lista, con horas asignadas a cada línea. Por eso se puede discutir.
Tabla de partidas: horas orientativas y su traducción a euros
Aquí está lo que casi nadie te enseña: el trabajo traducido a horas, y las horas a euros. Uso mi tarifa de trabajo puntual, 45 €/h sin IVA, para que el número sea real y no una abstracción. Insisto en algo antes de que mires la tabla: esto son órdenes de magnitud, no un presupuesto. Sirven para entender de dónde sale el dinero y para oler cuándo una cifra no cuadra, no para encargar nada. Un presupuesto de verdad sale de tu proyecto concreto, no de una tabla genérica.
Partida
Web sencilla (h)
Web a medida (h)
A 45 €/h (sin IVA)
Análisis funcional
2-4
15-40
90 € - 1.800 €
Diseño (UX/UI)
0-6
20-60
0 € - 2.700 €
Maquetación (frontend)
6-16
30-80
270 € - 3.600 €
Backend y base de datos
0-8
40-150
0 € - 6.750 €
Integraciones
0-6
15-80
0 € - 3.600 €
Contenidos
2-8
10-40
90 € - 1.800 €
Pruebas (QA)
2-5
15-40
90 € - 1.800 €
Despliegue
2-4
6-16
90 € - 720 €
Lee la tabla en horizontal y verás el porqué de los tres presupuestos del principio. La misma partida, "backend", puede valer cero en una web de folleto y 6.750 € en una aplicación con panel de gestión. No es que uno cobre más por lo mismo: es que no es lo mismo. Cuando un presupuesto viene en una sola línea con un número final, lo que te están ocultando es precisamente esta tabla. Y sin ella no puedes saber si el precio es alto, bajo o justo, porque no sabes qué hay dentro.
Qué encarece de verdad un proyecto
Si le preguntas a la mayoría qué encarece una web, te dirán "las funcionalidades". Es verdad a medias. Lo que dispara de verdad las horas casi nunca es lo que se ve. Son cuatro cosas, y las cuatro viven en la letra pequeña.
Integrarse con sistemas ajenos. Conectar tu web con un CRM, un ERP o la API de un tercero es fácil de decir y difícil de estimar, porque no controlo el otro lado. Si la API está bien documentada, es un día. Si la documentación está desactualizada, la API devuelve errores sin explicar o el proveedor tarda una semana en contestar un correo, esa misma integración se va a semanas. La complejidad no está en mi código: está en el sistema con el que me tengo que entender. Cuando el proyecto incluye conectar sistemas o quitar de en medio tareas repetitivas entre ellos, esa parte pesa tanto como la web, y es donde la automatización de procesos con IA empieza a tener sentido.
Migrar datos sucios. "Y pásame los 4.000 productos de la web antigua." Suena a copiar y pegar. Nunca lo es. Esos 4.000 productos tienen duplicados, campos vacíos, precios en formatos distintos, tildes rotas por una codificación mal configurada hace años y categorías que se contradicen. Limpiar ese desorden para que entre bien en el sistema nuevo puede costar más que construir el sistema. Los datos sucios son deuda que arrastras sin saberlo, y alguien la paga en el momento de la migración.
Los requisitos que cambian a mitad. En el oficio se llama scope creep. Empiezas con una web de cinco páginas y a la tercera semana aparece "ya que estamos, ¿podríamos añadir una zona de clientes con login?". Cada "ya que estamos" es un proyecto pequeño dentro del proyecto. No es malo cambiar de idea, el negocio evoluciona, pero cada cambio tiene un coste, y un presupuesto honesto lo dice desde el principio en vez de fingir que el alcance es inamovible.
El cumplimiento legal real. RGPD, LSSI, el aviso de cookies bien hecho, la accesibilidad. No es marcar una casilla: es trabajo. Un formulario que recoge datos personales necesita su base legal, su tratamiento y, si prometes borrar datos, código que de verdad los borre. Escribí sobre un borrado automático que fallaba en silencio precisamente por esto. Es la partida que más se ignora en los presupuestos baratos y la que más cara puede salir si llega una reclamación.
Por qué la web de 600 euros te sale cara
La web de 600 € no es cara por lo que cuesta. Es cara por lo que cuesta después, y por lo que cuesta cuando algo va mal. El concepto que hay que mirar no es el precio: es el coste total de propiedad, todo lo que esa web te va a costar en los próximos tres años, no solo el primer pago.
Hazte estas preguntas antes de firmar cualquier presupuesto, sobre todo el más barato:
¿Quién la mantiene? Una web no se acaba el día que se publica. Hay que actualizarla, parchear seguridad, arreglar lo que se rompe. Si eso no está previsto, lo pagarás por urgencias, que siempre salen más caras.
¿Qué pasa cuando el que la hizo desaparece? Es el bus factor: si la persona que montó tu web deja de contestar el correo, ¿alguien más puede entrar y entender lo que hizo? Con una plantilla estándar, quizá. Con un montaje raro y sin documentar, te quedas atrapado.
¿El código y el dominio son tuyos? Esto es innegociable y casi nadie lo pregunta. Tu dominio tiene que estar a tu nombre, en tu cuenta. El código, entregado y tuyo. Si tu web vive en la cuenta de otro y el día que discutís te quedas sin ella, no tenías una web: tenías un alquiler que creías propiedad.
¿Cuánto costará rehacerla en dieciocho meses? Una web barata construida sin criterio no se amplía: se tira y se empieza de nuevo. Entonces pagas dos veces, y la segunda con prisa.
Quiero ser honesto con algo que se usa mucho para vender: este riesgo no es de freelance contra agencia. Una agencia también puede entregarte una web que no controlas, y un freelance senior puede entregarte el código, el dominio y la documentación a tu nombre. La pregunta correcta no es "¿freelance o agencia?". Es "¿quién controla mi web cuando esto se acabe?". Eso lo decides tú al leer el presupuesto, no la etiqueta de quien lo firma. Trabajar directamente con un único responsable senior, sin juniors ni intermediarios, es lo que hace que esa respuesta sea clara.
Estimación cerrada o bolsa de horas: qué es cada una
Hay dos formas de facturar un desarrollo, y entender la diferencia te ahorra la mitad de los malentendidos.
Estimación cerrada (llave en mano). Acordamos el alcance con detalle y te doy un precio fijo por todo. Sabes exactamente lo que vas a pagar. El riesgo de que el trabajo lleve más horas de lo previsto lo asumo yo, no tú. A cambio, el alcance tiene que estar bien definido antes de empezar: si a mitad quieres añadir cosas, eso es un presupuesto nuevo. Es lo ideal cuando el proyecto está claro y quieres previsibilidad. Por eso, en el trabajo puntual, cierro la estimación antes de empezar sobre una bolsa mínima de 5 horas: sabes el techo antes de arrancar.
Bolsa de horas. Contratas un número de horas al mes y las voy consumiendo según hagan falta. Es lo que necesitas cuando el trabajo es continuo o el alcance no se puede cerrar de antemano: mantenimiento, evolutivos, mejoras que van surgiendo. Aquí la flexibilidad la ganas tú, y a cambio el precio total no está fijado el primer día. Mis packs mensuales funcionan así, y la tarifa por hora baja cuanto mayor es el compromiso: de 45 €/h en trabajo suelto a 28 €/h en el pack más grande, todo sin IVA. Los tienes desglosados en la página de tarifas.
Cuidado con una trampa habitual: un precio cerrado sospechosamente bajo. Cuando alguien cierra un precio muy por debajo del resto, o va a recortar por donde no se ve (sin pruebas, sin seguridad, sin accesibilidad) o va a compensar con "extras" que aparecen a mitad de proyecto. El precio cerrado bueno no es el más barato: es el que se sostiene sobre un alcance que ambas partes entienden igual.
El presupuesto que puedes discutir es el que trae partidas. El de una sola línea no te está ahorrando lectura: te está ahorrando información.
Cómo leer el presupuesto que te ha llegado
Con todo lo anterior ya puedes hacer lo que casi nadie te enseña: leer un presupuesto de web como quien sabe. No necesitas ser técnico. Necesitas comprobar que están estas cosas y desconfiar cuando faltan.
Lo que un buen presupuesto incluye sí o sí:
Las partidas separadas, no un número global. Aunque no venga cada hora, sí debe distinguir análisis, diseño, desarrollo, integraciones, pruebas y despliegue.
Qué entra y, sobre todo, qué no entra. El alcance escrito.
Quién mantiene la web después y cuánto cuesta ese mantenimiento.
Una frase clara sobre la propiedad del código y el dominio a tu nombre.
Qué pasa si el alcance crece: cómo se facturan los cambios.
Las banderas rojas que delatan un presupuesto malo:
Todo en una línea. "Desarrollo web completo - 2.500 €." Sin desglose no puedes juzgar nada.
Sin horas ni criterio de estimación. Un número que cae del cielo es un número que no se puede discutir.
"SEO" como partida mágica. SEO puede significar muchas cosas o ninguna. Si aparece sin concretar qué incluye, suele ser humo.
Silencio sobre el mantenimiento. Si nadie menciona qué pasa después de publicar, es que no lo han pensado, y lo pensarás tú a base de facturas.
Nada sobre la propiedad. Si el presupuesto no aclara de quién es el código y el dominio, pregúntalo por escrito antes de firmar.
Un presupuesto no se elige por el número de abajo. Se elige por cuánto de lo de arriba entiendes.
Mi criterio, y cómo pedirme presupuesto
Resumo lo que llevo veinte años comprobando: un presupuesto de web no es caro ni barato en abstracto, es coherente o incoherente con el trabajo que hay dentro. La cifra honesta sale de sumar partidas con horas reales, no de un número redondo puesto a ojo. Lo que encarece de verdad vive en lo que no se ve, integraciones, datos sucios, cambios de alcance, cumplimiento legal, y por eso un buen análisis inicial vale más que un descuento. Y la web más cara es casi siempre la que compraste barata sin preguntar quién la mantiene ni de quién es el código.
Así trabajo yo: el análisis funcional inicial y la primera consulta no te los cobro. Antes de empezar cualquier trabajo puntual te doy una estimación cerrada, para que sepas el techo. Si lo tuyo es continuo, tienes packs mensuales sin permanencia que se cancelan avisando con 15 días. El código y el dominio son tuyos, siempre. Y detrás no hay un equipo rotando ni un junior aprendiendo con tu presupuesto: estoy yo.
Si tienes un presupuesto sobre la mesa y no sabes leerlo, o quieres uno de partida, cuéntame tu proyecto y te digo con qué orden de magnitud estamos hablando, sin compromiso y sin humo. Los números firmes, con sus tarifas y sus tiempos de respuesta, están en la página de tarifas.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta una página web en España?
Depende de qué sea "la web". Una plantilla configurada con tus textos puede rondar los cientos de euros; una web a medida con panel de gestión, usuarios e integraciones puede llegar a decenas de miles. La cifra sale de sumar partidas reales, análisis, diseño, maquetación, backend, integraciones, pruebas y despliegue, traducidas a horas. Como referencia, mi tarifa de trabajo puntual es de 45 €/h sin IVA, con estimación cerrada antes de empezar.
¿Qué debe incluir un presupuesto de página web?
Como mínimo: las partidas separadas y no un número global, qué entra y qué no entra en el alcance, quién mantiene la web después y a qué coste, y una frase clara sobre la propiedad del código y el dominio a tu nombre. Si el presupuesto viene en una sola línea, sin horas y sin mencionar el mantenimiento ni la propiedad, no puedes juzgarlo: te falta la mitad de la información.
¿Qué diferencia hay entre un presupuesto cerrado y una bolsa de horas?
En una estimación cerrada acordamos el alcance con detalle y te doy un precio fijo por todo; el riesgo de que lleve más horas lo asumo yo, pero el alcance tiene que estar bien definido antes de empezar. En una bolsa de horas contratas un número de horas al mes y las voy consumiendo según haga falta; ganas flexibilidad para trabajo continuo o de alcance abierto, a cambio de que el total no esté fijado el primer día. El cerrado conviene cuando el proyecto está claro; la bolsa, para mantenimiento y evolutivos.
¿Por qué una web barata sale cara a largo plazo?
Porque el precio inicial no es el coste real: el coste total de propiedad incluye el mantenimiento, los arreglos por urgencias y lo que pasa cuando quien la hizo desaparece. Si el código y el dominio no están a tu nombre, o la web está montada sin criterio y no se puede ampliar, en año y medio toca rehacerla y pagas dos veces. La web más cara suele ser la que compraste barata sin preguntar quién la mantiene ni de quién es el código.
¿El código y el dominio de mi web son míos?
Deberían serlo siempre, pero no lo des por hecho: pregúntalo por escrito antes de firmar. El dominio tiene que estar registrado a tu nombre y en una cuenta tuya, y el código debe entregarse y ser de tu propiedad. Si tu web vive en la cuenta de otro, no tienes una web en propiedad: tienes un alquiler que puedes perder el día que haya un desacuerdo. En mi caso, el código y el dominio son tuyos siempre.
¿Qué encarece de verdad el precio de una página web?
Casi nunca lo que se ve. Lo que dispara las horas son cuatro cosas: integrarse con sistemas ajenos, como un CRM o un ERP con una API mal documentada; migrar datos sucios, con duplicados, campos vacíos y codificaciones rotas; los requisitos que cambian a mitad de proyecto; y el cumplimiento legal real (RGPD, LSSI, cookies, accesibilidad). Un buen análisis funcional al principio es lo que evita que estos costes aparezcan por sorpresa más tarde.
Subcontratas el desarrollo a un senior que trabaja bajo tu marca, factura por debajo de lo que cobras y no aparece ante tu cliente. Te explico cómo lo hago sin que se vea la costura.
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